Hace un par de días se celebró la entrega de premios de la MTV y quise aprovecharme de ello para crear una especie de sección musical en el blog, y así obligarme a escribir más a menudo.
He de decir que no soy muy partidario de toda esta vorágine de artistas mediáticos, de Gagas vestidas de chuletón andante, matrimonios musicales, anuncios de embarazo a lo grande o besos polémicos sobre el escenario. Tampoco es que sea un fan de las reinas del pop, ni de visionar videoclips morbosos en YouTube, ni de personajes megalómanos en general, ya sea de los que les da por coger un micrófono o por pegarle patadas a un balón.
Durante casi un año, ha habido una canción que me ha tenido fuera de lugar. Es una de esas canciones que estamos acostumbrados a escuchar de forma pasiva en los autobuses, en bares o en los restaurantes de plato combinado y hamburguesa. Una canción que durante todo el invierno me ha estado despertando a primera hora de la mañana, cuando sonaba en el apartamento de las vecinas de arriba, y una canción que me ha costado encontrar, inocente de mí, hasta que me dijeron: ‹‹Busca en la lista de los 40››. Allí estaba, eso sí, muy abajo, entre Melendi y Beatriz Luengo. Los primeros puestos eran para nombres como Britney Spears o David Guetta, canciones que escuché y reconocí, eso sí, una vez comenzaron a sonar, pues tampoco soy muy aficionado a la música de discoteca y autobús.
Por eso me sorprendió que aquella canción estuviera allí. Estoy hablando de la canción Rolling in the deep, de una tal Adele Adkins. Me dio por ir a YouTube y buscar el videoclip, temeroso de encontrar un cuerpo más, rodeado de bailarinas enseñando cacho. Me encontré con una recatada Adele sentada en una silla y lanzando un chorro de voz digno de la música negra. Vi el vídeo de principio a fin, y sentí un escalofrío, cuando la canción se viene arriba, con ese colchón musical plagado de soul. Pronto identifiqué esa sensación con aquella que el cuerpo experimenta cuando descubrimos una canción realmente buena. Una canción que da sentido a la música.
Con cierto escepticismo, decidí buscar y escuchar sus otros seis sencillos: Set fire to the rain, Someone like you, Make you feel my love (versión del tema de Bob Dylan), Cold Shoulder, Chasing pavementes y Hometown glory. Todos distintos pero a la vez con un toque muy personal, una voz espectacular y una instrumentación, tanto en directo como en la versión de estudio, más que digna. Por un momento me dio por imaginarme a Adele Adkins junto con Ella Fitzgerald, o James Brown, o Louis Armstrong. Esperemos que ésta inglesa de 23 años siga llevando a los escenarios canciones de la talla de Rolling in the deep y creando esta mezcla tan característica de soul, blues y jazz contemporáneo, discreto y sin excesos.
He de decir que no soy muy partidario de toda esta vorágine de artistas mediáticos, de Gagas vestidas de chuletón andante, matrimonios musicales, anuncios de embarazo a lo grande o besos polémicos sobre el escenario. Tampoco es que sea un fan de las reinas del pop, ni de visionar videoclips morbosos en YouTube, ni de personajes megalómanos en general, ya sea de los que les da por coger un micrófono o por pegarle patadas a un balón.
Durante casi un año, ha habido una canción que me ha tenido fuera de lugar. Es una de esas canciones que estamos acostumbrados a escuchar de forma pasiva en los autobuses, en bares o en los restaurantes de plato combinado y hamburguesa. Una canción que durante todo el invierno me ha estado despertando a primera hora de la mañana, cuando sonaba en el apartamento de las vecinas de arriba, y una canción que me ha costado encontrar, inocente de mí, hasta que me dijeron: ‹‹Busca en la lista de los 40››. Allí estaba, eso sí, muy abajo, entre Melendi y Beatriz Luengo. Los primeros puestos eran para nombres como Britney Spears o David Guetta, canciones que escuché y reconocí, eso sí, una vez comenzaron a sonar, pues tampoco soy muy aficionado a la música de discoteca y autobús.
Por eso me sorprendió que aquella canción estuviera allí. Estoy hablando de la canción Rolling in the deep, de una tal Adele Adkins. Me dio por ir a YouTube y buscar el videoclip, temeroso de encontrar un cuerpo más, rodeado de bailarinas enseñando cacho. Me encontré con una recatada Adele sentada en una silla y lanzando un chorro de voz digno de la música negra. Vi el vídeo de principio a fin, y sentí un escalofrío, cuando la canción se viene arriba, con ese colchón musical plagado de soul. Pronto identifiqué esa sensación con aquella que el cuerpo experimenta cuando descubrimos una canción realmente buena. Una canción que da sentido a la música.
Con cierto escepticismo, decidí buscar y escuchar sus otros seis sencillos: Set fire to the rain, Someone like you, Make you feel my love (versión del tema de Bob Dylan), Cold Shoulder, Chasing pavementes y Hometown glory. Todos distintos pero a la vez con un toque muy personal, una voz espectacular y una instrumentación, tanto en directo como en la versión de estudio, más que digna. Por un momento me dio por imaginarme a Adele Adkins junto con Ella Fitzgerald, o James Brown, o Louis Armstrong. Esperemos que ésta inglesa de 23 años siga llevando a los escenarios canciones de la talla de Rolling in the deep y creando esta mezcla tan característica de soul, blues y jazz contemporáneo, discreto y sin excesos.
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