lunes 28 de febrero de 2011

La partida de Batu Khan

Batu Khan se ha marchado precipitadamente del país en un viejo automóvil verde de fabricación soviética. En menos de 12 horas, su presencia aquí le habría convertido en una persona non grata, en un inmigrante en situación ilegal y en una posible amenaza terrorista debido al origen de su ascendencia paterna. En pocas horas, experiencias y sueños cumplidos se han desvanecido para convertirse en recuerdos. Recuerdos que ha dejado atrás a una velocidad constante de 130 km/h a lo largo de la autopista 4. Tras pocas horas de viaje, ha sobrevolado las islas para regresar a su exilio en un lugar donde muchos otros se exiliaron antes que él.

Batu Khan engulle con avidez el contenido de su plato y se lamenta pues no consigue rescatar el característico sabor de la carne de cerdo. Deja el tenedor a un lado y observa a la chica que le acaban de presentar como su futura esposa. Algo se agita en su interior cuando identifica un sabor amargo en la parte más recóndita de su lengua e irremediablemente piensa en la cerveza, aunque ya apenas la recuerda. Ese regusto amargo le ayuda a rescatar decenas de olores, todos distintos. Son las fragancias de los perfumes de aquellas que sucumbieron a sus encantos orientales de una forma que jamás volverá experimentar.

Batu Khan deja escapar una sola lágrima. Atrás ha dejado un puñado de cartas y un sillón desvencijado junto a la ventana. Varias hojas de té verde flotan en el agua de una taza que hace mucho dejó de humear sobre el alféizar. A su lado, una plumilla de tinta negra espera sobre una libreta de pastas rojas a que, como cada día cuando el sol está en su punto más alto, Batu Khan dibuje palabras hasta el anochecer.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

en otro momento estaras y disfrutaras racion doble pero a nosotros nos gustan tus palabras te quedas con mas ganas de seguir leyendo sigue escribiendo