miércoles 11 de enero de 2012

El aliento de una tierra



Desde ayer y hasta el próximo 25 de Enero se puede disfrutar de "El aliento de una tierra", fantástica exposición del fotógrafo zamorano J. Pascual.

La muestra ofrece el trabajo realizado por el fotógrafo en los últimos años en el interior de la provincia zamorana y a lo largo de la raya fronteriza con Portugal. La técnica empleada para plasmar las imágenes es un proceso artesanal, llamado calitipia, y el soporte utilizado es papel de acuarela.

En esta muestra, J. Pascual nos ofrece su "personal forma de mirar y sobre todo de sentir esta tierra nuestra que es Zamora, muchas veces silenciosa, otras veces olvidada, pero a la vez sorprendente y muy poco conocida en cuanto a su riqueza etnográfica y tradicional se trata".

Las instantáneas únicas están expuestas en Espacio 36 (C/San Andrés 5), una galería de arte ubicada en pleno casco antiguo de Zamora.

Por mi parte, no pienso perdérmela, y os animo a todos los que podáis, que os acerquéis por allí.



Enlaces de interés:


- Blog de J. Pascual
- "El aliento de una tierra" en Espacio 36

domingo 20 de noviembre de 2011

Rutina parlamentaria


No le importa el color de unos y de otros, porque, como siempre, cada cuatro años, las mismas sombras mortecinas se encaraman en sus tribunas de vuelta a la rutina. ‹‹Cuatro años de libertad››, se dice, porque después de tantos engaños, la urna se ha convertido para él en una obligación, o mejor dicho, en una carga.

Aún así va. Se levanta por la mañana, temprano, con fingido entusiasmo. Desayuna mientras lee el periódico del día anterior buscando algún detalle, una señal, por mínima que sea, que le diga que este año no se está equivocando.

Cruza el umbral y siente el olor a rancio. Corre la cortina. Introduce en cada sobre varias papeletas de sus partidos favoritos y escribe obscenidades sobre ellas. Le da igual el color, sepia o blanco, él se explaya. Chupa, ‹‹votó›› y se marcha.


Que conste que yo he votado por correo.

domingo 6 de noviembre de 2011

Dos minutos de odio

Graveyard de Simon Cocks

Hoy he visto el odio en sus miradas. He sentido el rencor que guardan muy dentro, arraigado en sus entrañas, y me ha dado miedo. He visto pasiones que para mí estaban enterradas desde hacía mucho tiempo –o al menos así deberían de haber permanecido–. Los he oído cantar y gritar a pleno pulmón contra la pantalla, como si de los dos minutos de odio se tratara. Me he sentido fuera de lugar, he sentido el calor de un foco apuntando directamente sobre mi cabeza, alumbrando mi figura en la oscuridad. Me han pitado los oídos y he notado como centenares de dedos apuntaban a mi pecho; también he escuchado rumores en medio del griterío y he intuido sus miradas en busca de la mía.

Hoy no me he sentido aliviado hasta que he salido de allí, hasta que he huido dejándolos atrás, y me he llevado conmigo el rumor y el miedo.

sábado 29 de octubre de 2011

Tienen veinte años y están locos

Dice Luna Miguel, hacia el final del prólogo de Tenían veinte años y estaban locos: "Y sepan que en aquel tiempo aún eran muy jóvenes, pero ya nos conquistaban".

Y es que eso fue, basicamente, lo que hicieron ayer: conquistarnos. Conquistarnos con su boca y sus palabras. Con el aura de quienes solo quieren pasar un buen rato y divertirse, porque eso fue anoche, una barra libre de diversión, de mamajuana y pica pollo; de cervezas y risas.

Espero que cuando todos vayan llegando a los treinta (antologados y no), sigan locos, y que el sarao que ayer compartimos con muchos, sea tan solo el primero de otros tantos.

viernes 28 de octubre de 2011

Tenían veinte años y estaban locos


Tenían veinte años y estaban locos es el título de una antología que recoge los poemas de veintisiete autores menores de veintisiete años. Luna Miguel es el nombre que ha reunido a todos ellos en el libro editado por La Bella Varsovia.

Constantino Bértolo y Carolina León presentarán la antología esta tarde, a las 19.30 h., en La Central del MNCARS (Ronda de Atocha, 2), donde los autores presentes –entre los que estará una cólmica Sara R. Gallardo–, ofrecerán un recital.

Si alguien se anima, allí nos vemos.

martes 25 de octubre de 2011

Festival de Series 2011

Para mucha gente, el cine está a años luz por encima de las series de televisión; es más, para algunos cinéfilos, las series son cosa de frikis. Nada más lejos de la realidad.

Este pasado fin de semana se ha celebrado en Madrid la nueva edición del Festival de Series Canal+. Una oportunidad para todos aquellos amantes del cine y de las series. De las series por los contenidos; del cine por el espacio. Para quienes no conozcáis el festival, os diré que han sido cuatro días de estrenos, visionados, talleres y conferencias relacionadas con el mundo de las series y la televisión, que este año ha trasladado su sede del Círculo de Bellas Artes a Cinesa Proyecciones.

Durante el fin de semana, se han presentado un gran número de producciones compradas por canales como AXN, Canal+, SyFy, TNT, Cosmopolitan o Fox; casi todas americanas, alguna europea en el caso de Los Borgia, o española como El Divo; comedias de la talla de Cómo conocía a vuestra madre o Dos hombres y medio, la adaptación del cómic de zombis putrefactos (Dead Walking), un remake repetitivo de Los Ángeles de Charlie, series de animación como Archer, de superhéroes (Alphas, Fringe), omnipresentes vampiros con poca ropa (True Blood), y las series sobre adolescentes con dinero como Gossip Girl, entre otras.

Muchas os sonarán, y otras, sin duda, lo irán haciendo poco a poco. Porque todas estas producciones han venido con la intención de quedarse en nuestras televisiones por un tiempo, y algunas realmente merecen un hueco en nuestras, cada vez más, pestilentes parrillas.

martes 18 de octubre de 2011

La ciudad de los zombis

Todas las calles son distintas. También los ruidos y los olores son diferentes. Hasta la basura que se arremolina en las esquinas tiene sus peculiaridades.
A pesar de todo, me miran, de otra forma, pero me miran: escudriñan mi silueta a través de los cristales oscuros; clavan en mí sus ojos vidriosos y cansados; soñolientos, se vuelven indiferentes y siguen dormitando para, de vez en cuando, volver a lanzarme descaradas miradas por encima de sus anteojos.

Aquí todo es distinto: el aire, los coches y hasta los perros callejeros; el gas de la Coca Cola y el que sale de los mecheros.

Hoy todo es distinto en la ciudad de los zombis.

lunes 12 de septiembre de 2011

Distancia intersistémica


Una legua o tres millas;
ocho furlongs, tres cadenas,
cuatro varas, cinco yardas
y media.
¿Y un pie o seis pulgadas?
—Me da igual, todo es distancia
y no hay manera de acortarla—,
dices.
Te digo:
—Yo no entiendo de distancias
y menos de las que tú me hablas.
Niegas con la cabeza,
no me entiendes,
no te entiendo.
—¡Claro que no te entiendo!
¿Cómo quieres que te entienda
si me hablas a la inglesa?
Si me hablaras de otra forma
podría entenderte cualquiera.

—Escucha,
que no es eso lo que importa.
Lo que quiero es alejarme
y me da igual el sistema.

martes 30 de agosto de 2011

Rolling in the deep

Hace un par de días se celebró la entrega de premios de la MTV y quise aprovecharme de ello para crear una especie de sección musical en el blog, y así obligarme a escribir más a menudo.
He de decir que no soy muy partidario de toda esta vorágine de artistas mediáticos, de Gagas vestidas de chuletón andante, matrimonios musicales, anuncios de embarazo a lo grande o besos polémicos sobre el escenario. Tampoco es que sea un fan de las reinas del pop, ni de visionar videoclips morbosos en YouTube, ni de personajes megalómanos en general, ya sea de los que les da por coger un micrófono o por pegarle patadas a un balón.

Durante casi un año, ha habido una canción que me ha tenido fuera de lugar. Es una de esas canciones que estamos acostumbrados a escuchar de forma pasiva en los autobuses, en bares o en los restaurantes de plato combinado y hamburguesa. Una canción que durante todo el invierno me ha estado despertando a primera hora de la mañana, cuando sonaba en el apartamento de las vecinas de arriba, y una canción que me ha costado encontrar, inocente de mí, hasta que me dijeron: ‹‹Busca en la lista de los 40››. Allí estaba, eso sí, muy abajo, entre Melendi y Beatriz Luengo. Los primeros puestos eran para nombres como Britney Spears o David Guetta, canciones que escuché y reconocí, eso sí, una vez comenzaron a sonar, pues tampoco soy muy aficionado a la música de discoteca y autobús.

Por eso me sorprendió que aquella canción estuviera allí. Estoy hablando de la canción Rolling in the deep, de una tal Adele Adkins. Me dio por ir a YouTube y buscar el videoclip, temeroso de encontrar un cuerpo más, rodeado de bailarinas enseñando cacho. Me encontré con una recatada Adele sentada en una silla y lanzando un chorro de voz digno de la música negra. Vi el vídeo de principio a fin, y sentí un escalofrío, cuando la canción se viene arriba, con ese colchón musical plagado de soul. Pronto identifiqué esa sensación con aquella que el cuerpo experimenta cuando descubrimos una canción realmente buena. Una canción que da sentido a la música.

Con cierto escepticismo, decidí buscar y escuchar sus otros seis sencillos: Set fire to the rain, Someone like you, Make you feel my love (versión del tema de Bob Dylan), Cold Shoulder, Chasing pavementes y Hometown glory. Todos distintos pero a la vez con un toque muy personal, una voz espectacular y una instrumentación, tanto en directo como en la versión de estudio, más que digna. Por un momento me dio por imaginarme a Adele Adkins junto con Ella Fitzgerald, o James Brown, o Louis Armstrong. Esperemos que ésta inglesa de 23 años siga llevando a los escenarios canciones de la talla de Rolling in the deep y creando esta mezcla tan característica de soul, blues y jazz contemporáneo, discreto y sin excesos.


martes 26 de julio de 2011

A jornada completa

Me ha hecho mucha ilusión cuando me he enterado de que hoy ha sido publicado en los periódicos del grupo Vocento mi relato "A jornada completa". Os lo dejo a continuación:

Publicado en:
El Norte de Castilla
El Comercio
Diario Vasco
Hoy
La verdad
El correo
(26.VI.2011)


A JORNADA COMPLETA

Aquella tarde, como otras muchas, una de mis paradas rutinarias era la cafetería de algún asilo o centro de día. A decir verdad, era uno de los lugares en los que yo solía sentirme más a gusto y en donde más disfrutaba haciendo mi -digamos- no muy bien visto trabajo. Aquella tarde, entré al azar en una residencia cualquiera de la que no recuerdo ni el nombre, pero sí que tan solo estaba a una o dos calles de la vivienda donde había realizado mi último servicio. Al entrar al bar, me senté discretamente en uno de los lugares más apartados de la puerta, lejos de las otras mesas. Allí, varios ancianos jugaban la partida en silencio mientras que otros discutían a voces. Pequeños corros de hombres y mujeres conversaban en torno a cafés, infusiones y botellines de agua del tiempo. En cierta manera, aquello me recordó a la cafetería de un instituto que, de forma poco discreta, había visitado unos días atrás.

También había en aquella cafetería un puñado de familiares, más jóvenes, visitando a sus mayores. He de reconocer que alguno me llamó la atención sobremanera, aunque pronto tuve que alejar de mi pensamiento aquellas carnes más jóvenes para centrarme en el cometido que debía de cumplir aquella tarde. Por ello, me fijé especialmente en un par de rostros solitarios situados frente a mí, a varias mesas de distancia. El más cercano, estaba sentado en una silla de ruedas plateada y se encorvaba sobre su café cortado, aún humeante, mientras soplaba con cuidado sobre el centro de la taza tratando de enfriar el brebaje. A juzgar por sus manos, extendidas a ambos lados de la taza, y por su rostro, tendría no menos de setenta y pico aunque no los aparentaba. A su lado, en la mesa más cercana, otro hombre, un poco más mayor y de rostro mucho más arrugado, jugueteaba con el tapón azul de una botella de agua mineral. De vez en cuando, arrojaba miradas nerviosas a su alrededor e indiscretamente, aunque lo hiciera de reojo, fijaba la vista en el café cortado de su vecino.

Me dediqué a observarles durante un rato a pesar de que aquel día me había retrasado un poco en una de las citas y se me iban acumulando las visitas. Decidí decantarme por el hombre del café y, aunque en otra situación hubiera esperado a que aquel anciano hubiera terminado de disfrutar de su bebida, en aquella ocasión me levanté rápidamente en dirección a la mesa para poner fin al servicio cuanto antes.

He de confesar también, que aquel día no tenía el cuerpo para muchos trotes, pero aún así, caminé con pausada indiferencia en dirección a mi objetivo, acerqué una silla en silencio y me senté tranquilamente a su lado. Al principio pareció no darse cuenta de mi presencia, pero tras unos segundos en los que me observó de arriba abajo sin perder detalle alguno de mi indumentaria, respondió recíprocamente con una dulce sonrisa. A partir de entonces, comencé a hablarle con delicadeza, tuteándole y preguntando el porqué de su soledad. Al principio se mostró un poco reticente, pero más tarde comenzó a soltarse y me explicó que no le gustaba mucho la gente de aquel lugar, a los que se refirió como "viejos ruidosos". Recuerdo que muy al principio me dijo su nombre, pero, en estas situaciones, tiendo a olvidarlos con facilidad.

Pronto me di cuenta de que su soledad llegaba hasta cotas insospechadas y que lo que necesitaba era una buena charla desde hacía mucho tiempo, por eso se mostró un poco molesto ante el hecho de que yo mirara mi reloj cada pocos minutos. Ahora me arrepiento de no haber sido un poco más delicada con él, pero realmente aquel día tenía bastante prisa y en un momento en el que el anciano bajó la guardia, le pregunté en qué lugar se sentiría más a gusto para poder empezar cuanto antes. Comentó que tenía una cama en aquella misma residencia y que vivía en una habitación individual, por lo que tan solo necesitaba que empujara su silla por el pasillo.

Tan pronto como llegamos a su habitación, le ayudé a tumbarse sobre la cama dejándole unos segundos para elegir la postura que él deseara, no sin antes ofrecerle unas cuantas recomendaciones de lo más clásico. Decidió tumbarse boca arriba con los brazos sobre el pecho y terminó realmente rápido. Fue un detalle por su parte que en el último momento, justo antes de dejar de respirar, cerrara los ojos.

A partir de aquel instante, el día fue un auténtico desastre. Al salir a toda prisa, me pillé la túnica con la puerta, teniendo que abandonar, a la altura del pestillo, un jirón de la túnica negra. Pero peor aún fue cuando, al llegar al final de mi siguiente cita, recordé que me había dejado la guadaña apoyada contra la cama de aquel anciano.

Ilustración de Javier Muñoz

lunes 11 de julio de 2011

Juego de azar, de Sławomir Mrożek


Una de las primeras lecturas ligeras tomadas como aperitivo este verano ha sido Juego de azar, del dramaturgo polaco Sławomir Mrożek, escritor de obras encuadradas dentro del teatro del absurdo y de gran número de relatos ácidos y humorísticos de tipo satírico como los recogidos dentro de este libro.

Juego de azar es el perfecto complemento veraniego a la lectura de otras obras más densas por la sencillez y brevedad de sus relatos centrados en la acción de la historia. Una acción siempre ingeniosa y llena de fantasía dentro del mundo de lo cotidiano que transcurre en apenas unas líneas, dejando, página tras página, la sonrisa dibujada en la boca y un cierto regusto a moraleja.

lunes 6 de junio de 2011

Si por poder pudiera

Publicado en La Fanzine (6.6.11)


Por poder puedo quedarme quieto
mientras avanza el miedo
sintiendo el hielo
resquebrajarse a mis pies.

Por poder puedo pintar camino
sobre puente de plata
para que huya el enemigo
que aún no ha empezado a correr.

Si por poder pudiera apuntaros con el dedo
sin que nadie viniera a cortármelo después.

Pero no puedo,
y no es porque no quiero
sino porque no veo
lo que viene tras él.

Tampoco puedo quedarme quieto
gritando al cielo que no pasaréis.

Solo me queda soñar en verso
que algún día podremos vencer.
Solo me queda esperar en piedra
que algún día dejéis el poder.

viernes 3 de junio de 2011

Adiós, Barandales

Publicado en La Opinión (5/6/2011)

Recuerdo como de niño, al caminar desde Orejones a Viriato, siempre buscaba la curvatura de la espalda encorvada bajo una túnica de bronce y me asomaba para observar su boca abierta en medio de aquel rostro verdoso. Un rostro afilado que sobresalía tanto como las dos campanas que colgaban de sus muñecas. Recuerdo también, como durante muchos años creí que aquella escultura no era si no el mismísimo encapuchado que avisaba de que el momento de la espera había terminado. Porque para mí, Barandales siempre había sido el mismo: un ser místico y callado, una escultura que cobraba vida durante unos pocos días al año para atravesar las calles de Zamora con el tañer de sus campanas. Hasta que un día Barandales me sirvió una Coca-Cola en un bar de la Avenida de las Tres Cruces y comprendí que, Alberto Villacorta, vivía bajo pseudónimo desde hacía muchos años.

(Otro) "Barandales" de Ricardo Flecha

Ayer falleció, a los 55 años, el que sin duda era uno de los rostros que más recuerdo de mi infancia. Rostro, manos, campanas y tela. La imagen de mi Semana Santa zamorana por excelencia, y aunque otros hayan estado antes y muchos otros estarán después, el Barandales de mi infancia siempre será él. Adiós, Barandales.

Zamora se queda sin Feria del Libro

Me dan igual los motivos, ya sean económicos o debido a un volcán dormido durante millones de años que despierta bajo la Plaza de Claudio Moyano y cambia el curso del Duero de Viriato a La Vaguada. Aquí no valen las excusas ni las promesas.
Zamora se ha quedado sin la XXVIII edición de su Feria del Libro y eso es lo que importa. Zamora se ha quedado sin sus autores, sin sus jóvenes, sin sus mayores; sin otros grandes de fuera y sin ese soplo de aire fresco que, de vez en cuando, se cuela entre nuestras callejuelas y despierta a la ciudad de su letargo.

lunes 18 de abril de 2011

Sentimiento zamorano

Este año, como cada uno de los anteriores, vuelvo a casa por Semana Santa, y es que para vivirla como se vive en Zamora hay que ser o sentirse zamorano. Y no estoy utilizando un argumento provinciano sino que es que es cierto que no hay Semana Santa como la que nosotros vivimos (y ahora si que cargo la frase de orgullo patrio). Por estas tierras, los que disfrutan de estos días (o al menos la mayoría) dejan de lado ciertas cuestiones conflictivas y la ciudad se vuelca en el patrimonio cultural que aúna arquitectura, escultura y tradición (sin ningún tipo de sentido peyorativo). Y es que estos días las calles se visten de fiesta y por ellas se tropiezan jóvenes y mayores, todos unidos por una vez al año, gracias a un mismo sentimiento que despierta a la ciudad dormida de su letargo.

Y como no puedo explicarlo mejor, os dejo el prólogo que escribí el año pasado para el itinerario "Caminos de Pasión" que cada año ilustra J. Pascual con sus fotografías.



"Sentimiento zamorano"

Cuando el frío helado cede parte de su protagonismo al olor a almendras garrapiñadas y los niños juegan a ser cofrades a lo largo de Santa Clara, Zamora se viste de Semana Santa. Es entonces cuando el puente de piedra luce su mejor cara y las bravas aguas del Duero, que amenazan con colarse a través de sus ojos, arrastran el sonido del Barandales.

Decenas de zamoranos cruzan la Rúa mirando al cielo en silencio, haciendo su propio juramento con tal de que durante unos días ni llueva, ni nieve, ni granice. Cientos de agujas dan los últimos pespuntes a los rasos y los terciopelos, las tijeras cortan patrones y telas y de fondo suenan los tambores.

Todo debe de estar a punto para que el Jueves de Dolores, el Nazareno cruce el río llevado sobre varios pares de zapatos negros impolutos al ritmo de los pentagramas de Ricardo Dorado o de Cerveró Alemany; para que se honre y recuerde a los hermanos difuntos; para que cientos de palmas atraviesen la ciudad engalanada de domingo; para que las verjas de la Catedral den cobijo a una marea de cofrades blancos y en los muros reboten cánticos de voces penetrantes.


Será entonces cuando el vello de los zamoranos se erice al escuchar los primeros compases de la marcha de Thalberg, o del Mater Mea, o del Cristo de la sangre... cuando los corazones se encojan sobrecogidos por el rítmico sonido de los tambores, del golpear de los hachones y las varas contra el suelo, de las campanas, de las cornetas...

Todo preparado para que Santa Lucía se ilumine de teas ardientes alimentadas por el eco del Jerusalem; para que Olivares se inunde del lamento del bombardino; para que el Merlú rompa la madrugada, los pasos hagan sus reverencias y las banderas de las cofradías se envaren en la fachada del Ayuntamiento ante el baile del Cinco de Copas.

Los cascos de los caballos golpearán el interior de la ciudad amurallada; los pequeños abrirán sus ojos como platos ante la marcha de los pasos; los mayores se emocionarán frente a las imágenes, y por las calles, poco a poco, se propagará un silencio absoluto.

Solo los aplausos romperán ese silencio para dar el último empuje a los cargadores a las puertas del Museo; las Siete Palabras resonarán por las calles y el Miserere sesgará la noche despertando a Viriato de su letargo.

Zamora se llenará de vida para recordar a la muerte, pero cuando el manto caiga, la fiesta y los disparos resonarán temprano en la ciudad nuevamente engalanada de domingo; la Semana Santa zamorana se vivirá antes, después y durante. Tarde o temprano volverán las agujas y los pespuntes para preparar un nuevo año. Un año que será único como todos y cada uno de los anteriores y que todos viviremos con intensidad pues nuestra Semana Santa no es solo tradición, cultura o sentimiento cristiano, es, ante todo, un sentimiento zamorano.

Marcos Antón

domingo 3 de abril de 2011

Editores que no leen y escritores en directo

Esta mañana me he topado con una entrevista a Michael Krüger (escritor y editor alemán) que me ha resultado bastante curiosa. El tipo en cuestión habla del estado actual del negocio literario y de como, según él, se presenta el futuro en este ámbito. Algunas respuestas curiosas en cuanto al mundo de los editores, los e-books, el copyright y a la posible desaparición del libro tal y como lo conocemos hoy en día si no se actúa con precaución.

El editor afirma que hoy en día las librerías están repletas de “basura” debido a que “muchos de los editores hoy en día no leen”. Dice de ellos que “están tan inmersos en leer a los contemporáneos y leer informes sobre libros que ellos ya no leen por placer.” Convencido de que un buen editor ha de ser un lector apasionado, afirma que a la hora de leer el manuscrito de una novela busca aprender: “Si no aprendo nada, no la publico. Esa es mi prioridad: aprender, tener placer.”

En cuanto al futuro editorial y a la relación autor-escritor me quedaría con una frase: "Si la voluntad de comprarse un libro desaparece, el libro desaparecerá". Recientemente me he visto inmerso en alguna que otra conversación sobre ebooks y pirateo durante la que han surgido ciertas comparaciones con la música y una conclusión: el músico vive de sus directos, el escritor de las ventas de sus libros. A raíz de esto, me ha llamado la atención un momento de la entrevista en la que el tipo dice: "No sé cómo será en España, pero aquí (en Alemania) los autores hacen giras con sus libros y dan charlas. Si pueden dar 14 charlas al año llegan al público y obtienen lo suficiente como para vivir de eso, aparte de lo que obtengan por las ventas."
Tras esta afirmación, el periodista Juan Cruz, compara al escritor con un trovador y el editor contesta: "En ese rol de trovador el autor puede vender sus libros de manera personal e íntima. Y este es un mercado al alza aquí. Es un acontecimiento, y si el autor consigue transmitir y ser un buen orador, puede tener éxito."

Yo lo dejo aquí y que cada uno saque sus propias conclusiones.

miércoles 30 de marzo de 2011

Versátil.es VI

Siempre me dijeron aquello de “si no tienes nada que decir, mejor no abras la boca”, y es que llevo mucho tiempo sin dejarme caer por aquí. En realidad no es que no haya tenido nada que decir, sino más bien poco tiempo. Y casi ha sido mejor así, porque entre tanta nueva guerra—sí, estoy hablando de Libia y sí, es una guerra—y otros desastres humanos varios, hubiera dado rienda suelta a mi lengua—o más bien a mis manos— y ni he encontrado el momento ni el lugar. Y es que cuando retomé Deheishe decidí que este sitio no sería el centro de la verborrea gratuita, sino un espacio de desahogo ocasional—pero sin excesos—, así que hablemos de Versátil.es y dejemos que se enfríen otros temas sobre los que sin duda volveré más adelante.

Y es que me hubiera gustado poder hablar de Versátil.es antes del festival y no después. Antes: por si alguien se topaba con este blog y no había oído nunca hablar de Él, pudiera presentarse educadamente e incluso animarse a conocerlo en persona. No después: porque no puedo escribir una valoración personal debido a que, desafortunadamente, este año no he podido estar allí.


Versátil.es es un festival, pero no un festival cualquiera. Es El Festival de la Palabra. El festival de la poesía, de los poetas, narradores, traductores y editores. Un festival que este año ha celebrado su sexta edición. Un festival que coordina el señor Javier García Rodríguez y con el que Colmo Colectivo participa activamente. Un festival por y para las letras que se celebra cada año en la Universidad de Valladolid y en el que cada edición, supera a la anterior.

Pero basta ya de escribir. Os dejo el enlace al blog del festival (aquí) y para más información, dirigíos a vuestro buscador en línea favorito. A partir de ahí, a golpe de intro y ratón, descubriréis un universo repleto de estrellas que no brillan por su nombre sino por la calidad de su trabajo.

lunes 28 de febrero de 2011

La partida de Batu Khan

Batu Khan se ha marchado precipitadamente del país en un viejo automóvil verde de fabricación soviética. En menos de 12 horas, su presencia aquí le habría convertido en una persona non grata, en un inmigrante en situación ilegal y en una posible amenaza terrorista debido al origen de su ascendencia paterna. En pocas horas, experiencias y sueños cumplidos se han desvanecido para convertirse en recuerdos. Recuerdos que ha dejado atrás a una velocidad constante de 130 km/h a lo largo de la autopista 4. Tras pocas horas de viaje, ha sobrevolado las islas para regresar a su exilio en un lugar donde muchos otros se exiliaron antes que él.

Batu Khan engulle con avidez el contenido de su plato y se lamenta pues no consigue rescatar el característico sabor de la carne de cerdo. Deja el tenedor a un lado y observa a la chica que le acaban de presentar como su futura esposa. Algo se agita en su interior cuando identifica un sabor amargo en la parte más recóndita de su lengua e irremediablemente piensa en la cerveza, aunque ya apenas la recuerda. Ese regusto amargo le ayuda a rescatar decenas de olores, todos distintos. Son las fragancias de los perfumes de aquellas que sucumbieron a sus encantos orientales de una forma que jamás volverá experimentar.

Batu Khan deja escapar una sola lágrima. Atrás ha dejado un puñado de cartas y un sillón desvencijado junto a la ventana. Varias hojas de té verde flotan en el agua de una taza que hace mucho dejó de humear sobre el alféizar. A su lado, una plumilla de tinta negra espera sobre una libreta de pastas rojas a que, como cada día cuando el sol está en su punto más alto, Batu Khan dibuje palabras hasta el anochecer.

sábado 29 de enero de 2011

Couso sigue vivo

Vine al mundo en medio de una guerra y, como muchos otros nacidos en mi generación, crecí viviendo la segunda entrega por televisión. La Guerra de Irak cambió mi vida, como hizo para otros muchos, para bien o para mal. De toda aquella época recuerdo instantes como en el que el segundo avión impactaba contra la torre sur mientras Matías Prats abría el telediario y conectaba en directo con Ricardo Ortega. Era el 11 de septiembre de 2001, primer día de clase, y la comida se enfriaba sobre la mesa. Meses después, las bombas verdes sobre la ciudad verde. Recuerdo también las manifestaciones contra algo que sabíamos que estaba mal cuando aún apenas teníamos conciencia política; tampoco olvidaré nunca el humo de los trenes en el televisor de la cafetería del instituto a la hora del recreo.

Mi forma de escribir cambió a raíz de aquella guerra. Yo no era más que un niño que a mi manera, tenía algo que contar. Fue así como empecé a crear historias recorriendo virtualmente los conflictos de Oriente Medio de principio a fin. Deseaba estar allí, en Bagdad, en el Hotel Palestina, en el epicentro de aquella guerra, para saber el verdadero por qué y explicárselo al mundo.

En medio de aquel proceso de emociones inmaduras, un instante por encima de todos quedó grabado a fuego en mi mente. Un M1 Abrams disparó, en nombre de la paz, contra el piso 14 del Hotel Palestina asesinando a José Couso y Taras Protsyuk. Antes de aquello, había deseado ser como ellos, estar en aquel hotel, convertirme en los ojos de aquella guerra injusta y contárselo al mundo. Cuando Couso murió, parte de mi infancia murió con él descubriendo que el mundo no era lo que hasta entonces me habían contado. Quizás los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez y todo aquello murió con ellos.

Muchas personas cuentan con varios libros en su haber que han cambiado su vida en un momento u otro. Uno de los que yo recuerdo no fue un gran clásico, ni un éxito de ventas; no fue considerado una obra maestra por la crítica; tampoco fue escrito por un gran novelista ni por un importante teórico. Fue un regalo de mis padres creado desde la propia experiencia del periodista Jon Sistiaga. Ninguna guerra se parece a otra es algo más que un libro, es un título que me ha acompañado hasta ahora y me acompañará siempre.
Aquellos que lo deseen, pueden especular cuanto quieran, pero sin duda, el hecho de que el juez Santiago Pedraz haya caminado sobre el Tigris vestido de traje y corbata cámara en mano, es un hito para nuestra Justicia y para el Periodismo. Que la investigación española sobre la muerte de Couso supere poco a poco todas las trabas inimaginables, es un homenaje a todos los informadores que han muerto en un conflicto, y puede, sin duda, sentar un precedente: que los ejércitos del mundo vean amenazada su inmunidad a la hora de asesinar con total impunidad. Aunque es cierto que siempre habrá quien diga que todo ha sido una excursión que hemos tenido que pagar los contribuyentes. Sin entrar en polémica, yo digo: con gusto pagaría más excursiones como esta.

El Periodismo y la Justicia—y no sólo en nuestro país—, debe mucho a la familia del cámara, a sus amigos, a los compañeros que le vieron morir (Jon Sistiaga, Olga Rodríguez, Carlos Hernández y Jesús Quiñonero) y a todos los que de una forma u otra han conseguido que, ocho años después, José Couso Permuy siga vivo.


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Edito 21.02.2011

Si hace unos días hablaba de Ricardo Ortega y de la muerte de Couso, hoy nos llega la noticia de que la causa por la muerte de Ortega el 7 de marzo de 2004 en Haití ha sido provisionalmente archivada por falta de pruebas. Unas pruebas que apuntan a que los disparos que le mataron iban dirigidos contra él y varios compañeros de los que otros cinco también murieron, pero no se ha podido determinar quién o quiénes fueron los autores de los disparos.